La clínica.
Echaron a la más gorda, de las gordas.
Me dio mucha pena porque la más gorda era
muy copada y me daba buenos turnos.
La otra también, además es mas hot y me hace reír mucho.
Más de uno se pone nerviosito con nuestras charlas,
se les ve
en la cara de susto que ponen.
Yo los miro y pienso:
"pobres! con esa cara no pueden ser felices"
"O si?"
Depende de la cara, la felicidad??
De la que vino de fábrica o de la que uno pone??
A veces frunzo el entrecejo:
es que mi tercer ojo hay cosas que no tolera,
los doble-mensajes, por ejemplo.
Cuando recibo un doble-mensaje,
y me pasa desde chiquita,
primero siento el dolor.
En la imaginación,
comparo ese dolor
con la mordida de un vampiro,
al principio,
duele,
porque los
colmillos rompen la piel,
después debe venir la entrega
y por último,
la insensibilidad
para soportar que te digan una cosa,
cuando en realidad,
te quieren decir otra.
Cuando recibo el doble-mensaje,
mi pobre cabeza acostumbrada al hecho tortuoso dice:
"al pan, pan y al vino, vino,
dejense de querer describir lo que no hay
y empiecen a tratar de describir lo que hay"
La parte mas dura es que nunca hay nadie del otro lado.
Solo está eso que exhala humo por la boca,
con gesto de:
"qué rara que es esta chica"
Saludo a la gorda hot,
le prometo mas charlas divertidas.
Ella cómplice me sonríe y me dice:
"dale que va!"
Riendo, me pongo los auriculares y me voy a la farmacia.
No bailo para no asustar a la chusma.